Por Ricardo Raphael

Como nadie, Macario Jiménez sabe hacer flotar la belleza del cuerpo femenino. Captura el aire con la textura de sus manos y la magia de las telas. Sus diseños provienen de la dinámica sutil del viento. Por eso son irrepetibles, son íntimos, son únicos, como la hojarasca que aprendió a bailar sola en el otoño o la magnificencia del pavorreal en una tarde singular del verano.

El talento profesional de Macario Jiménez cumple veinticinco años. Aprendió el oficio en Milán, en el reconocido Instituto Marangoni. Después fue alumno de Gianni Lo Gidice. De vuelta a México, su país, halló voz propia y puso a andar la imaginación con su marca. A partir de entonces no se ha permitido el descanso.

Desde el primer día las ideas, los colores, los argumentos, las texturas y el ingenio han conspirado para formular los diseños de una colección de talla mundial.

Dentro del taller de Macario Jiménez se respira y multiplica un conocimiento distribuido generosamente entre patronistas y costureras, aprendices y consagradas, que coinciden en su mejor esfuerzo con la aventura de una misma identidad.

Durante los últimos cinco lustros el Fashion Week de las Américas, El Fashion without Boundaries, el World Fashion de Chicago o el Fashion Week de Belgrado, entre las mejores pasarelas del globo, han atestiguado el aporte que Macario Jiménez ha hecho a la moda contemporánea del vestido femenino.

El sello principal de este diseñador es la exclusividad. Como una huella digital, cada prenda responde a la persona que la viste. La reinvención de los sentidos ha sido disciplina cotidiana y el equilibrio de la simplicidad es el secreto de su estética.