FALL WINTER 2026
Macario Jiménez presentó un desfile integrado por cuatro colecciones que dialogan entre sí desde la feminidad, la construcción textil y una visión sofisticada del color. La propuesta recorrió distintos registros estéticos, pero mantuvo una identidad clara: siluetas limpias intervenidas por volumen, superficies con movimiento y un trabajo minucioso sobre la textura como elemento protagónico.

En pasarela destacaron vestidos de caída fluida en tonos neutros y humo, con olanes diagonales, capas ligeras y aplicaciones textiles que recorren el cuerpo con un sentido orgánico. A ellos se sumaron siluetas de noche más escultóricas, con cuerpos strapless o escotes profundos, faldas amplias de gran dramatismo y construcciones envolventes que aportan ligereza visual pese a su complejidad. También aparecieron propuestas de líneas más depuradas, con vestidos columna, cortes al bies y piezas de satín que envuelven el cuerpo con naturalidad.

El color fue uno de los grandes hilos conductores del desfile. La gama transitó de arenas, grises ahumados y taupes suaves hacia rojos encendidos, corales intensos, azules empolvados y borgoñas profundos. En algunas salidas, los textiles brillantes y satinados reforzaron la sensualidad de las prendas; en otras, las aplicaciones tridimensionales, los flecos, pétalos y volantes construyeron un efecto casi táctil, enriqueciendo cada look con movimiento y relieve.

El resultado fue una presentación plural pero coherente, donde las cuatro colecciones revelaron distintas facetas de una misma mujer: etérea, segura, sensual y contemporánea. Macario Jiménez reafirmó así su capacidad para conjugar delicadeza y fuerza en prendas que celebran el oficio, el detalle y una elegancia profundamente femenina.